Las puertas interiores están en todas las habitaciones y se usan decenas de veces al día, pero muchas veces se eligen de catálogo y casi al final de la obra. Hacerlas a medida permite ajustarlas al hueco real, llevarlas hasta el techo, integrarlas en la pared o recuperar el estilo de una casa antigua. Estas son las decisiones principales.
Abatibles: la opción de siempre, con matices
La puerta abatible gira sobre bisagras y es la que mejor cierra: aísla más del ruido y de la luz que cualquier corredera. Necesita, eso sí, espacio libre para abrirse, así que conviene pensar hacia dónde abre y contra qué pared queda. A medida puedes elegir bisagras ocultas, que no se ven con la puerta cerrada, y hojas más altas que las de serie, incluso de suelo a techo, que hacen que las habitaciones parezcan más altas.
Correderas: vistas o dentro del tabique
Las correderas no necesitan espacio de apertura y son muy útiles en pasillos, baños o entre la cocina y el salón. Hay dos formas de instalarlas:
- Vistas, sobre la pared: la hoja cuelga de una guía y se desliza por delante del tabique. No requiere obra, pero necesita un tramo de pared libre al lado y cierra peor, porque la hoja no encaja en un marco.
- Dentro del tabique, con casoneto: la hoja se esconde en un armazón metálico que va dentro de la pared. Desaparece por completo al abrirla, pero hay que preverlo durante la obra, y en ese tramo de tabique no se pueden poner enchufes ni interruptores ni colgar nada pesado.
En los dos casos, un buen herraje con amortiguación hace que la puerta frene sola al final del recorrido y no golpee.
Puertas ocultas o enrasadas
Una puerta enrasada queda en el mismo plano que la pared, sin tapajuntas ni marco a la vista. Puede pintarse del mismo color que el tabique para que casi desaparezca, o forrarse con el mismo material que un revestimiento de madera o una pared de armarios, de modo que se lea como un panel más. Para que quede limpia hacen falta un marco oculto, que se coloca en obra antes de acabar la pared, y bisagras ocultas. No es algo que se pueda improvisar al final.
En el restaurante Riff se ve bien ese lenguaje: paneles lisos de suelo a techo, sin tiradores ni marcos a la vista, en los que las juntas son las únicas líneas.

Pivotantes
En lugar de bisagras, la puerta gira sobre un eje vertical fijado arriba y abajo, normalmente algo separado del canto. Permite hojas muy grandes y pesadas y tiene mucha presencia, por eso se usa en entradas, salones o como separación entre espacios amplios. Al girar ocupa espacio a los dos lados y, en general, no cierra tan hermética como una abatible.
Maciza, lacada o chapada
Por fuera, la puerta puede ser de madera maciza, lacada en cualquier color o chapada con una lámina de madera natural. Las diferencias de aspecto, resistencia y mantenimiento son las mismas que en los muebles, y las repasamos en lacado, chapa o madera maciza.
Ojo con una confusión frecuente: a menudo se llama «puerta maciza» a una puerta con el interior relleno de tablero, aunque por fuera sea lacada o chapada. Es mucho mejor que una puerta hueca, con el alma de cartón en nido de abeja, porque pesa más, suena más sólida y aísla mejor, pero no es lo mismo que una puerta de madera maciza. Conviene preguntar qué lleva dentro.
Marco y tapajuntas
La hoja es solo una parte. El marco forra el grosor del tabique y el tapajuntas tapa la unión entre el marco y la pared. Los tapajuntas pueden ser planos y discretos, llevar molduras en una casa de estilo clásico o desaparecer del todo en una puerta enrasada. Hechos a medida, se ajustan al grosor real de cada tabique, que en una reforma rara vez es igual en todas las habitaciones.
Que aísle del ruido
Si la puerta separa un dormitorio, un despacho o un baño, el aislamiento acústico importa. Influyen sobre todo tres cosas: el peso de la hoja, porque una hoja con el alma maciza aísla más que una hueca; las juntas de goma del marco, que sellan el perímetro al cerrar, y el hueco inferior, que se puede cerrar con una junta automática que baja al cerrar la puerta. Las correderas, por cómo funcionan, aíslan menos.
Reproducir puertas antiguas
En pisos antiguos, como muchos del centro de Valencia, las puertas originales, con cuarterones, molduras o vidrieras y más altas que las actuales, son parte del carácter de la casa. Si están en buen estado, lo primero es valorar si se pueden recuperar; lo explicamos en restaurar o cambiar. Si no, se pueden fabricar nuevas reproduciendo sus proporciones y molduras, y aprovechar para mejorar lo que las originales no tenían: más aislamiento, herrajes nuevos o una hoja que cierre bien.
En resumen
- Abatible: la que mejor cierra; necesita espacio para abrirse.
- Corredera vista: sin obra, pero cierra peor. Con casoneto: desaparece, pero hay que preverla en obra.
- Enrasada: sin marcos a la vista; se decide antes de acabar las paredes.
- Pivotante: para hojas grandes y con presencia.
- Pregunta qué lleva la puerta por dentro, no solo por fuera.
- En una reforma, valora restaurar o reproducir las originales.
Diseñamos las puertas, las fabricamos en nuestro taller de Aldaia y las instalamos con nuestro propio equipo, sin subcontratar. En nuestra página de servicios puedes ver todo lo que hacemos y, si estás con una obra o una reforma, cuéntanos qué necesitas y te preparamos un presupuesto.


